domingo, 8 de marzo de 2015

La vieja encina

Alberto, melancólico camina hacia la vieja Encina, allí compartió los mejores momentos con Sofía, su gran amor, su chica, un día como hoy, de eso han pasado seis meses, sin explicación, entre lágrimas le dijo adiós, no logra borrar de su mente la imagen de la bella muchacha alejándose.

En ese lugar, le susurró por  primera vez que la amaba, le robó el primer beso, coquetearon con e la sexualidad, eran una pareja rozando la adolescencia, ella apenas dieciocho años, el casi veinte,   a pesar de las limitaciones de Sofía para encontrarse con Alberto,  Ana, su madre era una mujer excesivamente controladora y de mentalidad un tanto desfasada,  vivían en su paraíso, hasta el fatal accidente en el que falleció el padre de Sofía, en el coche, junto a él, hallaron el cuerpo de una mujer, al parecer era algo más que una amiga y la madre de Sofía, a la que aterraban las habladurías, a pesar de ser uno de sus aficiones, decidió regresar a su pueblo natal, a casa de su madre, siempre pensó que no debió salir de allí, la ciudad no era para ella, nunca le gustó, pero Miguel, el que sería su esposo, poco antes de casarse, encontró un buen empleo en una pequeña ciudad cercana a Barcelona, al casarse se trasladaron, por comodidad de todos, Miguel se evitaba un trayecto de  más una hora diariamente  o bien permanecer en la ciudad durante la semana, regresando a casa los fines de semana , algo que Ana no estaba dispuesta consentir, necesitaba saber lo que hacía en todo momento, aunque su vigilancia le sirvió de poco, ella misma, lo alejó de su lado…

Alberto, albergaba la esperanza de la llegada de alguna notica de Sofía, intentó contactar telefónicamente con ella, preguntó entre sus amigas, ellas tampoco sabían nada, acabó por aceptar que había desaparecido, aunque jamás lograría olvidarla, la imaginaba feliz en algún lugar, siguiendo sus estudios, con otro amor, nada más lejos de la realidad…
A Sofía se le borró la alegría del rostro al llegar al pueblecito de su madre, ella ni lo recordaba, era muy niña la última vez que lo visitó, a su padre siempre le incomodó, él se crío a pocos km, en un pueblo  que era muy distinto, además nunca se entendió con Lucia, la abuela de Sofía, ella lo veía poca cosa para su hija, pensaba que su lugar era con Cesar, el hijo del propietario del negocio exportación y venta  de vinos y aceites  del pueblo, que ahora regentaba él,  fueron grandes amigos, hasta que conoció a Miguel, en una fiesta de cumpleaños de Cesar, del que era compañero de estudios, Ana se enamoró del él en cuanto fueron presentados, quizás porqué era distinto a sus amigos, con los años, a pesar de negárselo, aceptó que aquello fue un  capricho de juventud, él si la amó hasta que por su forma de ser, cada día más parecida a la de Lucia , su madre, el amor que sentía por ella se diluyó, viéndola simplemente como la madre sus hijas, la mujer con la compartía su vida, su actitud huraña hacia él, lo distanció, buscando calor  en otros brazos.

La encargada de la empresa de Cesar dejó el trabajo poco antes de regresar Ana al pueblo, así que Lucia, aprovecho para convencer a Cesar  que su hija era la persona ideal para ese puesto, al hombre, que permanecía soltero, nunca olvidó a Ana, le pareció muy buena idea, esperaba reconquistar a Ana, algo que le sería muy sencillo, además, como también era el  dueño del único hostal, Sofía sería la recepcionista, puesto que ocupaba a ratos su hermana Pilar, pero no disponía de mucho tiempo para ello, pues acababa de dar a luz a su quinto hijo. Sofía y  Mari Luz, su hermana pequeña, se sentían enjauladas en esta nueva vida.

Mari Luz, sigue sus estudios en el pequeño instituto del pueblo, ha conocido a Carmen, recién llegada también, ambas se hacen compañía, Mari Luz añora a sus amigas, sus salidas después de clase, algunos domingos de  ir al cine o tomar un refresco, ahora todo se limita a pasear junto a Carmen por la plaza mayor, sentarse en un banco y contarse sus inquietudes. El dieciocho cumpleaños de Sofía se acerca, aunque para ella será como cumplir cincuenta, piensa que su adolescencia se perdió al llegar a ese lugar, que  parece anclado en los años setenta, tan solo han pasado seis meses desde que llegar allí y le parece una eternidad, no deja de preguntarse qué será de Alberto, no se resigna a volver a verlo, a sentirlo , a amarlo una y mil veces mas , cierra los ojos y se imagina bajo la vieja Encina, entre los brazos de Alberto, su primera vez, fue un momento tan dulce, sus ojos se nublan, su vida entonces era emocionante, divertida, le quedaba poco para acabar sus estudios de Educación Infantil, compartir confidencias con sus amigas, burlar la vigilancia de su madre y  encontrarse con su amor, como añora aquellos días.

Ana anuncia su compromiso con Cesar, Lucía con su particular ironía, felicita a su hija, le dice que eso debió pasar diecinueve años antes…el día del cumpleaños de Sofía, el próximo domingo,  que se celebrará una fiesta en un salón del hostal de Cesar, se hará público, Sofía y Mari Luz, cruzan sus miradas, otra ridiculez de su madre. Sofía recuerda la imagen de su padre, al que adoraba, ahora lo  entiende mejor, después del accidente, Ana no hablaba de él, como si el dolor se lo impidiera, aunque simplemente se sentía avergonzada, pero conoció la verdad, al escuchar una charla de ella con su tía Julia, la hermana de su padre, al poco de instalarse en el pueblo, Julia visitó a unos familiares de su esposo y aprovecho para saludar a sus sobrinas, discutían, esta le reprochaba el haberle  amargado la vida a su hermano, alejarlo de su familia con artimañas, nunca estuvo enamorada de él, no era más que una chismosa pueblerina que se sentía una reina en un castillo de aire,  construyó una vida de apariencias, por su mente cerrada y su boca ligera obligó a su hermano a mal vivir,  igual que hacía con sus hijas, no era de extrañar que acabará encontrando el amor en otro lugar, al parecer su padre , poco antes del accidente, le habló claramente a su madre, se había enamorado de otra mujer y deseaba compartir su vida con ella, a lo que Ana se negó.

Llega el día del cumpleaños de Sofía, está todo preparado, la muchacha no sabe si para ella o para la comedia de su madre con Cesar, siente rabia, no está dispuesta a seguir perdiendo su juventud, ni vivir una vida que no le gusta, como aguantó su padre, ya es mayor de edad, en este tiempo trabajando ha guardado un dinero, coloca algunas de sus cosas en una bolsa de viaje y sin decir nada, mientras su madre y su abuela ultiman los detalles para la fiesta de la tarde, se dirige a la estación, deja una nota donde explica todo, anhela llegar a la vieja Encina y esperar a Alberto..

El viaje es corto, en dos hora llega a la ciudad en la que se crio, en la que desea vivir, su antigua casa se vendió, visita a María, su buena amiga de siempre, vive con sus padres, pero no tienen inconveniente en acogerla durante un tiempo, eran buenos amigos de Jorge, su padre, Sofía deja su equipaje, y marcha hacia la vieja Encina, sabe que para Alberto la visita diariamente, se sienta bajo la Encina quedándose dormida, está agotada, al poco, un beso en la frente la despierta, es Alberto, sorprendido y feliz de verla, no puede creer que esté allí, Sofía  relata  a su novio toda la historia, la muchacha llora amargamente, no quiere alejarse de él, ni vivir al gusto de su madre una vida irreal, Alberto la abraza, le promete cuidar de ella para siempre, en cuanto sea posible se casaran, nadie se lo puede impedir..

Ana, busca a Sofía, es la hora de almorzar,  antes piensa llevarla a ver el salón, está a punto para la fiesta, pero en su habitación tan solo hay una nota, Ana la lee, no puede creer lo que le dice su hija, tanto luchar por lo que ella  estimaba era   una vida perfecta para sus hijas y Sofía la acusa de asfixiarla en ese pueblo, de intentar convertirla en una copia de ella y su abuela, una mujer frustrada, con una vida de hastío, le ruega que no la busque, cuando sea el momento, contactará con ella, que invente lo que quiera para nadie murmure, pero que ella va donde debe estar. Ana le cuenta a su madre, Lucia le dice a su hija que ella sabía que esa niña era como su padre, lo mejor será seguir como está dispuesto, la fiesta será solo de su compromiso con Cesar, dirán que Sofía, mañana comienza en un trabajo en la capital y  no ha podido quedarse, nadie tiene que saber nada, Mari Luz, llora, ahora está sola para aguantar esto. Se anuncia el compromiso y próxima boda, con toda naturalidad, tan solo Mari Luz,  añora a su hermana y se siente fuera de lugar, la vida sigue para familia..

Ha pasado un mes desde que Sofía se reencontró con Alberto en la vieja Encina, con la ayuda de los padres del muchacho, celebran una boda intima, a la que es invitada su tía Julia, tan solo le falta su hermana, pero no es conveniente que la niña conozca los planes de su hermana, vivirán en un apartamento propiedad de los  padres de Alberto, que  tenían alquilado, pero antes que nadie está su hijo, en unos días, visitaran a la madre de Sofía, de su actitud dependerá el perder a su hija, como en su día sucedió con su esposo,. En la vida no se puede pretender que los demás sean marionetas que bailen a nuestro antojo, hay que respetar, ceder y ser capaz de reconocer nuestros errores.
Magda Jardí
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lunes, 2 de marzo de 2015

La pesadilla de Ernesto.



Ernesto se sentía encarcelado en una vida monótona, la rutina acabó con la magia de su matrimonio, de lunes a viernes de casa al trabajo, los fines de semana en casa, algún paseo, aburridas reuniones familiares o con algunos viejos amigos tan rutinarios como ellos. Por su trabajo, Ernesto era hábil  manejando ordenadores, en casa lo usaba para entrar en páginas de juegos virtuales, un día sintió curiosidad y buscó webs de conocer gente, era fácil registrarse, así que no lo  pensó, se hizo un perfil, simplemente buscaba personas solitarias como él con las que conversar.

 Comenzó entrando a ratos desde el trabajo, era gerente de una pequeña sucursal bancaria, disponía de  un despacho para él, aislado de los compañeros, en pocos días agregó a varias personas, casi todas mujeres, de momento tan solo intercambiaron saludos, llegó a pensar que aquello era bastante aburrido hasta que recibió una solicitud de amistad de una bonita y sonriente mujer, aceptó mecánicamente, a pesar de su decisión de borrar su perfil, la curiosidad le venció, dejándole un mensaje de bienvenida ,por el momento sin respuesta, al llegar a casa, su esposa había salido, en la televisión no había nada que ver, pensó en entrar al ordenador, se conectó a la página, sonrió su mensaje obtuvo respuesta, ella le devolvía el saludo muy cariñosa, era una mujer que vivía en una ciudad cercana, su nombre era  Alicia, decía ser casada, pero aburrida de la vida que llevaba, su esposo viajaba constantemente, eso los había distanciado, la soledad la llevó a buscar amistades en internet, sus amigas tenían sus vidas ocupadas, hijos, maridos, sin tiempo para amigas, Ernesto pensó que había encontrado a la amiga perfecta, casada como el, con necesidad de comunicarse.

En poco tiempo, esa amistad se fortaleció de tal manera que se convirtieron en confidentes, la relación de Ernesto con Maribel, su esposa, moría lentamente, ella prefería visitar a sus hermanas, con las que pasaban el rato criticando al entorno, que buscar actividades que compartir con Ernesto y los chicos, Mónica de catorce años, si necesitaba consejo, buscaba a su padre y Pablo de dieciséis, negado para los estudios, pasaba su tiempo callejeando con los amigos, que no todos eran agua clara, a pesar de que otras madres advirtieron a Maribel, esta decía confiar en su hijo. Ernesto recuperó la ilusión pensado en sus encuentros virtuales con Alicia, se lo niega a si mismo pero se está enamorado de ella, se vieron en una ocasión por cámara, tenía los ojos más alegres que nunca imaginó, su voz era dulce, la forma tan espontanea en que se expresaba le cautivo, ella dijo que la había hechizado, esperaba a un hombre serio, como aparecía en su foto, Ernesto siempre fue alegre hasta que su vida se tornó gris, pensó en invitarla a tomar café si a ella le parecía correcto, en la próxima conexión se lo diría, le apetecía tanto conócela en persona, solo compartía su sueño con Isi, un viejo amigo, que estaba al corriente de su situación familiar, él vivió una historia similar,  pero siendo paciente y luchando por recuperar la atención de su esposa las aguas volvieron a su cauce, ahora estaba mejor que nunca, aconsejaba a Ernesto mucha prudencia con Alicia, este le quitaba importancia, aunque para él tenía mucha, más de lo que aceptaba.

Llegó esa esperada primera cita, decidieron encontrarse en una ciudad próxima a los dos, siendo ambos casados, Ernesto pensó que era lo más conveniente, quedaron en una cafetería junto a la estación de ferrocarril, Alicia  se desplazaría en tren, Ernesto llegó unos minutos antes de la hora acordada, ella unos segundos después, entró un tanto despistada, pues el local era grande, en cuanto el la vio, nervioso, acudió a su encuentro, se saludaron besándose en la mejilla, por fin estaban uno frente al otro, buscaron mesa en una rincón tranquilo, la conversación era amena y relajada, reían, aunque lo evitaban, sus miradas se encontraron, quedando fijas unos instantes, con ese gesto ambos reconocieron la atracción que sentían el uno por el otro, aunque los dos sabían que aquello era terreno peligroso, repentinamente Alicia se levantó, excusándose que debía tomar el tren, Ernesto la acompañó a la estación, se despidieron en la entrada, ella siguió caminando sin mirar atrás, quedaron en verse por la noche en el ordenador, Ernesto regresó a su casa, en su interior una lucha de emociones, alegría por saber que aquella mujer era real, el aroma de su perfume le acompañaba, tristeza por tener que despedirse de ella, Alicia en el tren, miraba por la ventanilla, ella sabía que aquello no estaba bien, su esposo era un buen hombre, pero Ernesto era diferente, lo mejor sería acabar con aquello, aunque no pudo evitar a la hora de siempre estar frente a su monitor, esperando que él se conectara.

Ernesto vivía en una nube, pendiente de los mensajes de ella, de las historias que le contaba, ausente de su vida real. Una tarde, su  hijo Pablo llegó a casa ensangrentado, cojeando, silencioso  se encerró en el baño, necesitaba asearse, nadie debía verlo de ese modo, él y uno de sus amigos atacaron a un chico que simplemente no les gustó su aspecto, pero el muchacho no estaba solo, otros chicos acudieron en su ayuda, siendo Pablo y su compañero las presas, pero Ernesto estaba ocupado en el ordenador y Maribel, como era su costumbre, no se encontraba en casa, tan solo Mónica vio a su hermano en ese estado, ella le ayudó, prometiendo guardar el secreto, antes Pablo estaba siempre cerca, ahora había desaparecido como padre, sus hijos se sentían abandonados por sus padres.

Isi llamó a Ernesto, habían pasado semanas desde su última conversación, en la que pidió precaución con aquella mujer, le invitó a tomar unas cervezas el viernes, tiempo atrás  se encontraban una vez al mes, pero sin motivo perdieron esa costumbre, Isi quería saber si había solucionado su situación familiar, pero Ernesto solo sabía hablar de Alicia, le puso al corriente de su encuentro, de lo maravillosa que era, planeaba verla de nuevo a ver qué pasaba en esta ocasión, Isi, nuevamente trato de hacerle ver que era un error, además le invitó a reflexionar que aquello era demasiado sencillo, Ernesto no le dio importancia, era una mujer que se sentía sola, no había otro misterio.

Tal como comentó a Isi, Ernesto propuso a Alicia una nueva cita, su amistad era muy sólida, así que  Alicia aceptó, aunque Alicia  sugirió encontrarse en la ciudad de ella, es más, si le parecía bien a él podían verse en su casa, así estarían más tranquilos, se sorprendió, aunque le pareció una buena idea, la tarde del sábado, aprovechando que su esposa y sus hijos viajaban ese fin de semana a visitar a los abuelos, estaría libre, sería perfecto. El sábado, Ernesto pasó la mañana  intranquilo, deseando que su familia tomara el tren y llegara la hora de salir al encuentro de Alicia, después de almorzar, sacó el automóvil del garaje, y se encaminó hacia la ciudad donde vivía ella, les separaban cinco kilómetros, en unos minutos estaba allí, buscó la dirección que ella le indicó, era fácil llegar, aparcó a unos metros del portal de Alicia, caminó despacio, llamó al timbre ,ella abrió desde arriba, subió deseoso de ver aquella mujer que lo había enloquecido, al llegar al rellano la puerta estaba abierta, lo esperaba vestida con una con una camiseta, a Ernesto la miró atónito, el deseo por ella aumentó, Alicia cerró la puerta tras él, sin mediar saludo, ella lo abrazó, él la besó como si jamás hubiera conocido mujer, la temperatura entre ambos subía por segundos, la camiseta de Alicia cayó al suelo, Ernesto la contemplaba desnuda, le parecía la mujer más hermosa que nunca vio, después de unas caricias y jugueteos, hacían el amor sobre la moqueta del salón, Ernesto vio anochecer entre los brazos de Alicia, era incapaz de levantarse, se sentía exhausto, aquella mujer era inagotable, Ernesto gozó como no pensaba que fuera posible, Alicia le invitó a pasar la noche allí, estaba tan cegado por ella que aceptó, tomaron una cena ligera, le sorprendió con unas fresas con nata y champagne de postre, viéndola tomar las fresas despertaba más deseos de ella, la noche fue calurosa e intensa para Ernesto. A las diez de la mañana , él ,despertó, la contemplaba dormida, desnuda, sobre la cama, su rostro angelical, Ernesto imaginaba despertar todos los días junto a ella, llegó el momento de dejar aquel paraíso y regresar a casa, aunque era temprano, su familia a mediodía estaría de vuelta, la despertó con un beso, ella sonrió ,se despidió y siguió durmiendo, Ernesto tomó una ducha, se vistió, melancólico, dejó el piso de Alicia, en el camino de vuelta, recordaba la tórrida noche, esperaba repetir pronto, al llegar a su domicilio, dejó el coche en el garaje, subió, se cambió de ropa  mientras esperaba a la familia A la hora llegaron los tres, discutiendo como era habitual, a los chicos no les gustaba acompañar a su madre, durante el almuerzo, Ernesto y Maribel ni se miraron, la distancia entre ellos cada día era mayor y después de la historia con Alicia más aún, Ernesto esperaba la noche, suspiraba por contactar de nuevo con Alicia, aunque simplemente se escribieran, pues con la familia por allí no se atrevía a conectar la cámara, aunque moría de ganas de ver a esa mujer hechicera, después de cenar, Maribel se quedó viendo la televisión, Mónica se fue a su habitación, Pablo salió  un rato con sus amigos, Ernesto se encerró en su despacho, con su ordenador, saludó a algunas personas, el tiempo pasaba pero Alicia no se dejaba ver, Ernesto pensó que quizás su esposo hubiera llegado el domingo a mediodía, pero al día siguiente tampoco apareció, pasó la semana y Alicia seguía sin dar señales, a Ernesto, esa situación le inquietaba, mil preguntas volaban en su mente, como era posible que de repente dejara de importarle y si era el caso, por lo menos unas palabras explicando el motivo y la oportunidad de decirle adiós.

Ernesto se sentía mal, triste, mal humorado, necesitaba una conversación con Isi que era más sensato que él, quedaron para verse el viernes por la tarde, Ernesto compartió con Isi su angustia e inquietud, Isi le recordó sus advertencias, Ernesto se aferraba a que posiblemente no podía conectarse por algún motivo, quizás hubiera enfermado, Isi dejó escapar una sonora carcajada, llamándolo ingenuo, Ernesto decidió esperar antes de darla por perdida.
El lunes a media mañana, la secretaria de la oficina bancaria entregó a Ernesto un sobre, lo abrió al momento, parecía importante, venia de una mensajería de reparto urgente, su rostro empalideció al ver el contenido, eran fotos de Alicia con él muy apasionados, junto a las fotos una nota en la que se le informaba de que le llegarían más envíos y  si quería todas las fotos en su momento le indicarían que hacer, asustado Ernesto llamó a Isi, su amigo no daba crédito a lo que estaba escuchando, indignado le recordó de nuevo sus avisos, le aconsejo que espera a ver qué pasaba, Comenzó una tortura para Ernesto, perdió el apetito, no conseguía dormir, siempre a la defensiva, aun esperaba que Alicia se conectara, se aferraba a la idea de que ella pasaba por la misma situación que él, la llamaba por teléfono pero nadie respondía, a las dos semanas llegó otro sobre, Ernesto temeroso lo abrió, las fotos eran  más comprometedoras que las anteriores, en la nota le pedían cinco mil euros por el disquete y las copias, si no pagaba podían aparecer en cualquier lugar, el ordenador de su hija, el de algún compañero de trabajo, en los cristales de la entidad bancaria, advirtiéndole que  lo mejor para él era callar, Ernesto, furioso, confundido, de nuevo llamó a Isi, este le aconsejó que denunciara, pues seguro que el suyo no era un caso aislado.
Esa misma tarde, los dos hombres se desplazaron a la comisaría de policía, avergonzado Ernesto relató su historia, el inspector que le atendió, no se sorprendió, historias como la suya había escuchado unas cuantas, le informó que estaban trabajado en el caso, claramente era una red de extorsionadores, le rogó calma, en cuanto tiraran del hilo que seguían le informarían, aunque era imposible vivir en paz, si pagaba debería  aclarar muchas cosas, y si no lo hacía y esa fotos salían a la luz, su vida se hundía, las escenas con aquella mujer eran más que eróticas, en su momento le pareció toda una  grata aventura, ahora se sentía humillado, no sabía cómo afrontar el día a día hasta que aquel turbio asunto se esclareciera  y poder pasar página, aunque le sería muy difícil olvidar todo aquello, posiblemente si cuando comenzó a sentir que su vida de pareja hacia aguas no hubiera cometido el error de mirar hacia otro lugar, en lugar de enfrentarse al problema y buscar solución, quizás no estaría pasando aquel mal trago.

Una mañana de domingo, casi un mes después, Ernesto paseaba por el parque cabizbajo, el cansancio, la inquietud hacían mella en él, aparentaba casi diez años más de los que tenía, absorto en sus pensamientos, de repente el sonido de su móvil le retornó a la realidad, era el inspector de policía que se ocupaba del caso, había noticias, si le venían bien acercarse a la comisaria le informarían, sin pensarlo se encaminó había allí. La mujer, Alicia, ahora Ingrid, había contactado con un agente registrado en la página donde el la conoció, al parecer le interesaban hombres con trabajos cara el público, solventes, con relaciones de pareja agrietadas, se hizo pasar por médico, ella el mismo perfil el de siempre ,la tenían, el siguiente paso era la primera cita, si todo salía como esperaban, en unos días se resolvería, Ernesto, un poco más optimista, regresó a casa, allí no había nadie, como era habitual, cuando aquello acabara arreglaría  su vida, ahora que  era simplemente respirar, no encontraba sentido a seguir en aquella casa, junto a Maribel, sus hijos eran lo único que lo  mantenía en la realidad, sin ellos… no quería pensar más. Pablo llegó tras él, venia de jugar un partido de fútbol, Mónica ese fin de semana lo pasó en casa de una amiga, casi a la hora de almorzar, apareció Maribel con un par de bolsas de la rotisería, los tres sentados a la mesa, solo hablaba Pablo, casi dirigiéndose únicamente a Ernesto, contando entusiasmado las peripecias del partido, Ernesto miraba a su hijo, ya era un hombre, sentía el alejamiento de Maribel, se preguntaba el por qué seguía allí.

Los días pasaban, para Ernesto aquello era un sin vivir, otro sobre con más fotos, más subidas de tono que las anteriores, otro aviso, en breve le dirían como y donde pagar, Ernesto no  podía más, su corazón latía tan veloz que parecía que en cualquier momento estallaría como una bomba, no pudo evitar las lágrimas, lloraba amargamente, cuando Celia, una compañera y buena amiga, entró en su despacho, viéndolo en ese estado se preocupó, preguntándole que le pasaba, Ernesto no sabía que decirle, cualquier excusa menos la verdad, simplemente se encogió de hombros y bajo la cara, Celia le acarició el cabello, lo miró y dejó del despacho, casi a lo hora de salir del trabajo, el móvil le sobresaltó, la policía, con buenas noticias, avisó a Isi por si podía acompañarlo, en diez minutos estaba con él, llegaron a la comisaria, Ernesto, a pesar de anunciarle buenas noticias, el temor le acompañaba. El inspector le explicó que se había desmantelado la banda, tras la primera cita con Ingrid, en la que ella se comportó como era habitual en ella, un tanto tímida, a los pocos días, al saber que su presa, estaría solo el fin de semana, le propuso un encuentro en su casa, le prepararía un plato delicioso receta familiar, el aceptó, ella le proporcionó una dirección, la su supuesto domicilio, se verían el sábado, la policía comenzó a vigilar el edificio, el sábado a primera hora, aparcaron una furgoneta frente al portal, de una empresa de limpieza, aquellos hombres iban a instalar los micros y las cámaras para gravar todo, la pareja quedó en encontrarse a mediodía, dos horas antes, la policía sustituyó aquellos equipos por los suyos, con la idea de que cuando los delincuentes se dieran cuenta de que  sus instalaciones no funcionaban, posiblemente pensarían que era una avería y tratarían de solucionarlo, después de vigilarlos eran muy evidentes, todo sucedió como estaba previsto, al tratar de averiguar el problema, la policía que esperaba en el piso contiguo, logró detenerlos, confesaron todo, habían cometido la misma estafa en infinidad de ocasiones, les indicaron donde guardaban el material con el que chantajeaban a las víctimas . Ernesto debía identificar a la mujer, si, era ella, Ernesto  sintió repugnancia al verla, ni siquiera le parecía hermosa, su pesadilla acabó, aunque le quedaba algo importante pendiente, en cuanto él se sintiera con ánimos, pondría las cartas sobre la mesa .

Ernesto recuperó la sonrisa, su semblante transmitía paz, era el momento de mantener una conversación con Maribel, es viernes, los chicos saldrían un rato, es preferible estar solos, Ernesto, sentado en el sofá, saluda a Pablo que iba al cine, a Mónica la esperaban sus amigas en la calle, vio  a Maribel arreglada para salir, pero Ernesto la llama, le pidió  por favor, se sentara frente a él, ella lo mira un tanto sorprendida, apremiando a su esposo, quedó para ir  de tiendas y tomar algo, Ernesto sin prestar atención a las palabras de Maribel, comenzó a hablar, Maribel, escuchaba atónita, Ernesto había tomado una decisión sin retorno, aquella farsa de matrimonio llegaba a su fin, vivir de ese modo era insoportable, solicitaría el divorcio, para que ella hiciera lo que le apeteciera libremente, los chicos podían escoger, el dejaría su hogar, había alquilado un piso cerca del trabajo, por el momento se quedaría allí, más adelante, dejaría la ciudad, en el banco, tiempo atrás, le ofrecieron trasladarlo a otra entidad, que abrirán en breve, con un cargo superior, quedó en aire, ahora era el momento de aceptar, Maribel, un tanto confusa, respondió que eso era absurdo, pues ellos se casaron para toda la vida, ella no entendía cuál era el problema, comenzaron a discutir, Ernesto había callado demasiado y ella llevaba sorda y ciega mucho tiempo, ni quiera sabia los problemas que habían pasado sus hijos, porque simplemente vivía por ella y para ella, cara el qué dirán, le bastaba dar imagen de familia feliz, aunque solo para ella era así, en su entorno era evidente que allí nada iba bien, Maribel lloraba, Ernesto evito hablar de su desliz ,le avergonzaba , pero le dio a entender que se sentía solo, menos preciado y eso le había llevado a cometer errores que le podían haber provocado daños muy graves, ella abrió los ojos a la realidad, su vida era una comedia, aunque era demasiado tarde intentar arreglar aquel estropicio después de tantos años, ella no podía prometer cambiar, porque era tal cual. El tiempo fortaleció su personalidad, realmente no era la muchacha dulce que él creía cuando se casaron, el tampoco el simplón encantador del que ella se enamoró, pero por poco tiempo, aunque vivan bien y eso era lo que a ella le importaba, la única opción favorable para todos era la propuesta de Ernesto, Maribel suplicó quedarse con sus hijos, pero eso dependía de ellos, en cuanto llegaran les expondrían la situación.

Ernesto recogió sus pertenencias y esa misma noche la pasaría en su nuevo domicilio, los chicos en cuanto acabara el curso escolar  irían con él,  la vida le acababa de enseñar que no conoces totalmente a las personas, ni siquiera compartiendo cama y mesa a lo largo de años, que los problemas se solucionan cuando nacen, si se dejan crecer  y acaban venciéndote.
Magda Jardí
©Derechos reservados

domingo, 22 de febrero de 2015

Te amo más que a mi vida



Es medianoche, acaba la película de la televisión, es la hora de acostarse, Mireya  se va a la cama, hoy no fue  un buen día, se siente agotada y un poco triste.
No consigue dormir, en su mente aquel amor, que para ella fue tan especial y real, pero  para él solo un pasatiempo. La luz de la luna entra por una rendija de su persiana,  le da paz, aunque en su interior no la hay, entre lágrimas medita su vida, tiene un trabajo que le permite vivir cómodamente, su hijo Daniel, es independiente, aunque pasa mucho tiempo con su madre, no le faltan amistades
Mireya  es una mujer madura atractiva, muy positiva, que ha superado muchos obstáculos, crio  sola a su hijo, su marido la abandonó al nacer el pequeño, nunca más supo de él, levantó un hogar deshecho, con mucho esfuerzo, dejando su juventud en el camino sin darse cuenta, su vida era trabajar y su hijo, pero queda  un gran vacío en su interior, la ilusión que sentía cuando Oscar estaba a cerca de ella  se tornó desencanto por todo, desconfianza, temores, aunque siempre intuyó que él no la amaba con decía , ella cerraba los ojos y vivía su sueño.

Aún no sabe el porqué, Oscar un día sin más le dijo adiós, compartieron dos años de pasión y complicidad mezclados con desconcierto e inseguridad. Se conocieron en la presentación de la novela de una amiga común,  apadrinada por Oscar, periodista y con varias novelas publicadas, promocionada por la editorial en la que trabaja Mireya, ambos se acercaron a saludar a Laura y esta los presentó, a los pocos días, una noche,  coincidieron en un restaurante, Oscar, se acercó al verla, ella cenaba con una amigas, él ya dejaba el local, la persona con la que se había citado por trabajo, a última hora no pudo acudir, se saludaron e invitó a Mireya a tomar una copa , a ella aceptó, le parecía un hombre especial, a pesar de apenas conocerlo, desde esa noche comenzaron  a salir  con frecuencia.

 Mireya no sabía muy bien si aquello era una relación o una distracción, ella se enamoró como una adolescente, aunque intuía que no llegarían a ningún lugar,  nunca  sintió sinceridad  ni claridad por parte de él, intentó alejarse  en muchas ocasiones, pero algo de él vencía a su voluntad. A veces desaparecía durante días, ella intentaba contactar, pero no le era posible, él se excusaba con que al vivir fuera de la ciudad, en el campo, la cobertura telefónica era pésima,  algo que ella  no acaba de creer   ,  nunca visitó la casa de Oscar, solo conocía un estudio en el que trabajaba y pasaba algunas noches, era como si  existiera  una barrera entre ella y su vida, pero esa desconfianza quedaba a un lado los momentos que compartía con él, la embriaga con su magia, ella decidió disfrutar los ratos junto a él sin pensar más allá de lo que estaba viviendo, el tiempo que pasaba  a su lado era feliz,  eran amantes, amigos, compañeros, le acompañó  a eventos de toda índole, conoció lugares y personas muy interesantes, era como viajar a otro universo,   pero cuando él  se volvía inaccesible,  melancólica y desesperada , le era inevitable  sentirse atrapada en una tela de araña de la que no conseguía desprenderse, el último verano de su peculiar historia , compartieron unas breves vacaciones en el sur de Italia, esos días serían inolvidables y ahora dolorosos  a la vez  muy gratos de recordar, era como  si hubieran cruzado a un mundo distinto, todo especial,  era  dar vida a   una novela de amor, pero al regresar, él , muy sutilmente, dijo que debía ausentarse indefinidamente, la amaba más que a su vida, pero  lo mejor es que siguiera con su vida. Ha pasado más de un año de aquel instante en el que Oscar desapareció como una ráfaga de viento,

Mireya ha intentado saber de él, nadie le da respuestas,  ni siquiera en el periódico para el que trabaja, quizás así lo ordenó él…pero porqué… ahora el saber de Oscar seria su mejor medicina para su alma desconsolada, se auto venció de que ya era pasado, además para que seguir esperando algo imposible y mal gastar sus pensamientos en alguien que tan solo jugó con ella, posiblemente  a la vez de divertirse con ella, mantenía otra historia similar, viéndolo como a un ser despreciable era la forma que ella tenía para intentar pasar página, pero no lo lograba y mucho menos cuando la nostalgia hacia mella en su corazón , hoy, el ayer la ha visitado con fuerza, y la mujer fuerte que es, ha  quedado eclipsada …Envuelta en llanto,  susurra el nombre de Oscar, el sueño va llegando, mañana se sentirá mejor…

Mireya despierta un poco sobresaltada, una melodía le interrumpe su sueño, en la calle un coche con la radio a todo volumen, es  la canción que solía cantar con Oscar, la que ellos decían que era su canción, la bailaron en su primera cita, suspira  un tanto molesta, solo  son  las ocho de la mañana, necesita un café, sentada en la cocina frente a su taza humeante y la canción danzando en su mente., el teléfono interrumpe sus pensamientos, es Laura, su amiga escritora, necesita verla, tiene algo importante que decirle, va hacia su casa, en diez minutos estará allí. Mireya prepara otra cafetera mientras espera a Laura, cuando llega su amiga, se abrazan, no se ven desde hace ya un tiempo, Mireya se ha mantenido un tanto alejada de todo, las dos mujeres comienzan a charlar, Laura le trae noticias de Oscar, si está allí con ella, es porque Oscar era un buen amigo y no merece que ella guarde rencor a su recuerdo,  ella fue su gran, aunque breve amor, no desapareció sin motivo, sufría una grave enfermedad, por esa causa  de vez en cuando se ausentaba sin ser localizable, el viaje fue su despedida, sabía que le quedaba poco tiempo y quería pasarlo junto a ella, viviendo una loca historia de amor, no fue capaz de contarle sus situación porque la amaba demasiado, aunque quizás fue egoísta,  así imaginaba que ella estaba con él por amor no por lástima , le entregó una carta que Oscar le confió, debía llegar a Mireya cuando él ya no estuviera, merecía conocer la verdad, aunque durante un tiempo pensará que era un desalmado.

Tras leer la carta, Mireya quedó inmóvil con el papel entre las manos, el llanto la cegaba, con los ojos cerrados y la voz entrecortada nombrando a Oscar, por su mente las palabras que él le dedicó en su despedida, ‘te amo más que a mi vida’.
Magda Jardí
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martes, 10 de febrero de 2015

El tren equivocado...



Mónica, Ingrid, Daniel y Ernesto, eran amigos desde la adolescencia, salían en un grupo del barrio, con el tiempo se emparejaron, con el tiempo, comenzaron a salir los cuatro solos,  Mónica y Ernesto siempre sintieron algo especial,  pero  Ingrid logró hechizar Ernesto, para sorpresa de sus amigos, a los seis meses formalizaron sus relación, aunque Mónica ocupaba un lugar en el corazón de Ernesto,  pensaba que no debía interponerse entre ella y Daniel, los creía  muy enamorados, no imaginaba la verdad, que Mónica, se hizo a un lado al saber que su amiga enloquecía por Ernesto, convencida de que él sentía lo mismo por Ingrid, como se suele decir hay que  subirse al tren  aunque sea en marcha y ellos lo dejaron pasar, se conformaron en  mantener su amistad, sin ni siquiera sospechar que ambos compartían un bello sentimiento,  que con los años, a pesar de ser un secreto amordazado, crecía…

Ernesto e Ingrid, se dieron el ‘si quiero’ un mes de Marzo, en Octubre lo hicieron Mónica y Daniel, los cuatro eran inseparables, cada fin de semana organizaban cenas o salidas, compartían vacaciones, lo que avivaba el callado sentimiento entre Ernesto y Mónica, alejándoles de sus parejas, aunque no se daban cuenta…  llegó un momento, que Ernesto y Mónica, necesitaban acabar con aquellas reuniones, casi forzadas, ideadas por Ingrid que siempre necesito tener amigos que bailaran a su son y a Daniel, le parecía perfecto, así rompía un poco su monotonía, era un hombre conformista, Ernesto intentaba buscar actividades para el fin de semana  sabiendo que no eran del agrado de Daniel, Mónica fingía sentirse indispuesta y así  cancelar la cena de algún  del sábado o invitar a su hermana que nunca congenió  con Ingrid, durante cuatro  años lucharon por evitar lo que tarde o temprano sucedería.

Llegó Agosto, a pesar de que Ernesto ese verano intentó convencer a Ingrid de que estaría bien pasar las vacaciones los dos solos, pero Daniel ya había apalabrado un apartamento en Águilas, Murcia, localidad que a Ingrid encantaba, allí pasó muchos veranos en su infancia,  la mujer insistió a su esposo viajar con sus amigos, Ernesto aceptó, realmente deseaba estar cerca de Mónica, había dejado de importarle si alguien intuía lo que sentía por aquella mujer, estaba cansado de fingir y luchar por alejarse de ella, cuando parecía que sus parejas no eran capaces de idear nada por separado, nuevamente pasarían las vacaciones juntos.

Salieron hacia Murcia de madrugada, las dos mujeres en la parte trasera del coche, ellos turnándose en  la conducción del vehículo, Mónica optó por hacerse la dormida, aunque Ingrid, como era habitual en ella, no dejaba de hablar, por lo que Mónica desistió e intentaba seguir la conversación de su amiga, aunque trataba de perderse en sus pensamientos, Ingrid repetía lo mismo una y otra vez, Mónica tan solo escuchaba un murmullo. Llegaron a su destino, los dos hombres subían  el equipaje, mientras ellas organizaban, Ingrid se sentía feliz, su playa favorita y sus mejores amigos, pensaba que no podía pedir más.

 El mes pasaba, para unos mejor que para los otros, en la última semana de vacaciones, una tarde, Mónica, un tanto agobiada, bajó a la playa, como solía hacer cuando le apetecía pasear en soledad, se acercó al rompeolas, le gustaba ese rincón, allí estaba Ernesto pescando, era su manera de alejarse un poco de aquel caos  emocional para él, al verlo Mónica se acercó, en realidad, él simplemente respiraba aire puro en ese lugar, aunque le encantaba  pescar, al verla le dedicó un dulce sonrisa, le propuso tomar un refresco, a ambos les apetecía pasar un tiempo a solas, allí mismo había un pequeño bar. Sentados cara a cara, Ernesto necesitaba liberar aquello que callaba durante tantos años, le abrió el corazón sin ningún temor, ella bajó la mirada, intentando evitar que él viera el brillo en  sus ojos, tras sincerarse decidieron un  tranquilo paseo, lo más acertado era dejar pasar un tiempo antes de regresar con  sus parejas, demasiada emoción, algo difícil de ocultar, caminaban frente al mar, cuando Ernesto incapaz de contener el anhelo de besarla, como soñaba, ella no lo rechazó, lo deseaba tanto como él, les cegó   la pasión contenida, borraron de sus mentes a Ingrid y Daniel, anochecía, encontraron  un discreto lugar donde nadie podía verlos e hicieron el amor con la locura de dos adolescente en su primera vez, Mónica gozó como nunca con Daniel, inconscientemente siempre imaginaba que  era Ernesto con quien estaba, Ernesto reconoció que con ella había hecho el amor de verdad, con amor, con su esposa era otra cosa, ambos se preguntaron por qué no acabaron juntos, no había respuesta, quizás debía ser así, Ernesto propuso al regresar a su ciudad, hablar con sus parejas, Mónica, calló.

La semana que faltaba para el final de las vacaciones y regresar a su ciudad a Mónica se le hizo eterna, logró convencer a Daniel para marchar dos días antes, allí se dijeron adiós, la despedida fue distante, algo que descolocó a Ernesto. El sábado Ingrid y Ernesto dejaban el apartamento, él esperaba ver a Mónica al día siguiente, estaba convencido de que organizarían alguna comida, como era habitual, el domingo lo pasaron los dos en casa, Ingrid vivía en su mundo, feliz de su visita a  Águilas, no paraba de hablar de los lugares que habían visitado, lo distintos que estaban, casi a la hora de cenar, llamaron al timbre de la casa de Ernesto, él pensó que serían sus amigos, eran los padres de Ingrid. A Ernesto le sorprendía no tener noticias de  Daniel y Mónica, se sentía intranquilo, deseaba tanto abrazarla de nuevo…

El lunes de vuelta a su rutina, su primer pensamiento era como hacer para contactar con Mónica, esperaría a regresar a casa y sutilmente preguntaría a Ingrid, el día fue muy duro, reincorporarse al trabajo y esa inquietud por Mónica, se contenía de no llamarla a su casa, marcó los números de teléfono, pero al llegar al último sentía temor. A la hora de la cena, Ernesto e Ingrid conversaban tranquilamente, aprovechando que ella menciono a Mónica, él preguntó si habían contactado con ella, Ingrid, recordó que le enviaban saludos, se mudaban de Barcelona, por eso regresaron antes, se instalarían en la ciudad donde trabajaba Daniel, allí vivían sus padres, ellos les cedían un piso que tenían vacío desde un tiempo y    por comodidad, como pensaban tener un bebe, así Mónica no estaría sola, a Ernesto le cambio la expresión de su cara, Ingrid pensaba que estaba al corriente.

Pasaron unas semanas, cuando Ingrid comentó a su esposo que había llamado Daniel, Mónica estaba embarazada, por las cuentas, quedó en cinta durante  las vacaciones, a  Ernesto le recorrió  una extraña sensación, necesita hablar con Mónica, propuso a Ingrid, visitarles el fin de semana, ella le sugirió que  él les llamará, Ingrid había hecho amistad con una compañera de trabajo, eran inseparables, sustituyó a Mónica por Lucia, su amiga de tantos años, Ernesto   tenía  un motivo para contactar con ella, Ingrid le anotó el número de su amiga .El jueves por  tarde, al regresar del trabajo, llamó a Mónica, Ernesto necesitaba saber si ese bebé podía ser de él, Mónica le rogó que se olvidara de ella, ahora estaban lejos, se acabó la tortura de ambos tanto tiempo deseando evitar con aquellos encuentros entre amigos, cada uno estaba en su lugar, donde la vida les colocó tiempo atrás, así se despidió de él.
En lo más profundo de su ser,  Ernesto sabía que el hijo de Mónica era suyo, pero nunca lo sabría, tomó el tren en la estación equivocada… pero era la suya.
Magda Jardí
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miércoles, 28 de enero de 2015

Gaviotita


Anais caminaba frente al mar, cuando un sonido la  alertó, una pequeña gaviota que apenas sabia volar cayó en las aguas, la mujer aguardó unos instantes la gaviotita movía sus alitas con dificultad, emitía un suave graznido, como un lloriqueo, Anais la tomó entre sus manos, posiblemente volaba en una manada, su madre entre la enseñaría volar,quizás cayó a causa del viento, decidió ocuparse de ella.
Anais, se llevo a su casa a Gaviotita, que asi llamó, la puso en caja de madera , le hizo una camita con algodón para que se sintiera cómoda, remojaba pan con leche , pacientemente acercaba al pico de la pequeña ave, día a día Gaviotita mejoraba, sus ojitos brillaban , aunque Anais sabia que en su alma  habitaba tristeza, añoraba a los suyos.
Anais, cada tarde bajaba a la playa, a lugar donde encontró a Gaviotita, una semana después revoloteaba un grupo de gaviotas  adultas, una bajaba  justo donde cayó Gaviotita, Anais intuyó que era la mamá esperando encontrar a su cría, Anais supo que era el momento de llevarla a la playa.
Una tarde, la miró dulcemente y le dijo ‘Gaviotita ya sanaste, te vas con mamá’, en la misma caja que fue su nido,  la acercó a la playa, la dejó sobre la arena, a los pocos minutos allí estaba la gaviota madre,  rozaron sus picos, se besaron, Gaviotita emitía sonidos alegres, era feliz al ver a su madre, por unos instantes, las miradas de la gaviota y Anais se encontraron , le agradecía el cuidar a la pequeña.
Anais, un tanto triste, contemplaba como se alejaban las gaviotas, se encariñó con el ave, pero cada uno pertenece a  su lugar,
Magda Jardí
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sábado, 17 de enero de 2015

La falsa realidad de Mariana



Mariana era una mujer madura recién divorciada, abandonó a su esposo, un buen hombre argumentando que necesitaba su espacio,   convencida de  que su mentalidad era abierta, realmente  aunque no era así, por su escasa cultura, su pensamiento era limitado. Le gustaba  pintar y dibujar, lo la llevó a conocer a Fabián, un artista de la zona ya consagrado, pero no porque fuera una excelencia en el mundo del arte, si no, más bien por su faceta de conquistador, aunque decían que era solo de palabra, a pesar de ser casado, alguna que otra conocía su cama, así había logrado un buen grupo de seguidoras, por ellas su nombre su nombre brillaba

Mariana y Fabián iniciaron una estrecha amistad, él le ofreció su ayuda en el mundo del arte, la convenció  que era buena con los pinceles, rebosaba   ideas, pero le faltaba estilo y estética. Fabián ,la vio presa fácil, una mujer mayor, sin ataduras, le resultaría  sencillo hacerla creer que su interés por ella era como mujer, que despertaba en el atracción física, Mariana era una mujer poco agraciada y que el paso del tiempo había le dejado su huella, arrugando su piel con bastante crueldad, aunque ella, como tantas mujeres de cierta edad ,se negaba a aceptar que así fuera, llegando a ponerse en evidencia con su comportamiento infantil.

Desde aquel momento, a pesar de habitar en localidades un tanto alejadas, acompañaba a Fabián a casi todos los eventos, se convirtió en su 'chofer' y casi su sombra, también realizaban excursiones, con el pretexto de visitar bellos lugares donde inspirarse. Comenzó a ser muy  evidente que entre ellos había algo más que una amistad, para Fabián ella era una de tantas, que había creído que realmente despertaba en el deseos, pero no era así...ella se sentía feliz de retozar con el gran Fabián, se estaba enamorando de él, sabiendo de que no era un hombre libre y en el fondo esperaba algo más, incluso conocía a su esposa, visitaba a menudo el hogar de Fabián y Amelia.
Amelia era una mujer encantadora, aunque un tanto distante, pero  o no se daba cuenta de que la amistad de su esposo y Mariana no era solo eso, o bien no le importaba, ella acudía alguna exposición de Fabián, pero siempre en segundo plano, ayudando, pero apenas se relacionaba  con nadie, quienes sospechaban  lo que estaba sucediendo a su alrededor, lamentaban lo ciega que estaba, quizás, amaba demasiado a su esposo, por lo que no mal pensaría nunca de él.

El tiempo pasaba y la historia entre ellos seguía, Fabián organizó la primera exposición de Mariana, él retocaba las pinturas de la mujer, antes de que esta las acabara,  presentar unos cuadros repletos de errores y pinceladas mal dadas,  podía ser mala publicidad para él, al  apadrinar a una artista sin calidad, convencidos de no levantar sospechas, en ocasiones, se dedicaban muestras de cariño públicamente, por parte de Fabián, era cuando intentaba ocultar  otro escarceo, así Mariana seguía volando en su falsa nube, él la quería  cerca, pero  distraída  y  continuar   sus historias con otras mujeres, sabía que así ella siempre le complacería, Mariana no dejaría  escapar a su pintor, pues a su edad sabía que no era fácil  que alguien se fijara en ella como mujer, pensar que Fabián la deseaba la enorgullecía. Mariana convencida  de permanecer junto a Fabián  durante mucho tiempo. 

Fabián debía acudir a la presentación de un nuevo pintor de la zona, su último descubrimiento, él era quien organizó el evento, Mariana no figuraba entre los  invitados , aunque acudió...al llegar al lugar , una joven y bella mujer acompañaba a Fabián , la artista protagonista del evento, la enlazaba por la cintura, su complicidad era clara, la joven pintora, aunque era desconocida para la mayoría, no era novel entre los pinceles, sus cuadros eran hermosos y de delicados acabados, Mariana contrariada, se acercó a Fabián, él la saludó distante, evitando conversar con ella, Mariana dejó el evento entre lágrimas, Fabián viva un historia  con aquella mujer, desilusionada comprendió que  había utilizado, cuando ,la otra no podía pasar un rato con él, acudía a Mariana.
Mariana se negó  escuchar a quienes le advertían de aquello sucedería, Fabián había jugado con ella, de repente despertó de su fantasía, ella no era artista ni mujer de romances pasajeros, algo que siempre criticó en otras, la vida le dio una lección a  Mariana por  confiar en un hombre como Fabián y no aceptar su realidad, su lugar era en su hogar, del que no debió de salir persiguiendo a un bohemio, mujeriego, sin escrúpulos
Magda Jardí
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domingo, 11 de enero de 2015

Como un cuento de hadas.




Julia conoció a Héctor, un profesor de Literatura  uruguayo, durante  unas vacaciones en Mallorca, se hospedaban en el mismo hotel, en instante en que se vieron entre ellos surgió algo especial.
 El encuentro fue de los más divertido, entraron en el ascensor, a la hora de la cena, quedando  atrapados entre dos pisos, al pararse repentinamente, sus rostros se desencajaron, pero Héctor trataba  a tranquilizar a Julia ,él hablaba intentando mostrar autocontrol, pero no era posible ocultar el temor  ,gesticulaba sin parar,   Julia , viéndolo,  reía   sin parar , pues parecía un molino de viento, al darse cuenta, Héctor miró a Julia y  contagiándose por las risas de ella, en unos instantes  conversaban  tranquilos .
Tras una  hora, el ascensor comenzó a funcionar de nuevo, ambos  respiraron  aliviados. Al abrirse las puertas en el  vestíbulo,  les esperaba el personal de seguridad, atendiéndoles amablemente,
acompañándolos  al comedor, desde aquella noche, fueron   inseparables, pero   Héctor  en cuatro días regresaba  a su tierra.

 En ese poco tiempo, entre ellos surgió  algo muy intenso, que no sabían si llamarlo amor, pues todo fue muy rápido. La última noche antes de la partida de Héctor,  se  besaron frente al mar, prometiendo encontrarse. De vuelta en   el hotel, Héctor acompañó a Julia  a su habitación, entró para tomar una copa con ella, no quería dejarla ya, aquella mujer le parecía la más hermosa e interesante  que jamás conoció, un tanto melancólico al   verla   sentada frente a él, mirándolo con tanto cariño, preguntándose  cuándo volverían a verse, que les podía deparar la vida, eran miles de kilómetros  entre ellos,  se dejó llevar por sus sentimientos , tomándola entre sus brazos, acariciándola suavemente, sus bocas se unieron besándose,  hicieron  el amor con loca pasión, fue el más hermoso hasta pronto, se amaron  toda la noche sin pensar en nada más. A media mañana Héctor tomaba  el avión, Julia, en el aeropuerto, le es imposible contener las lágrimas al ver el avión levantar el vuelo.
Han pasado tres meses, durante este tiempo, han mantenido contacto a través de Internet, a diario  conversando,  viéndose por la cámara, aumentando sus deseos de encontrarse. Héctor, en unos días viajará a visitar a Julia, se acercan un fin de semana largo, ha conseguido unos días de permiso en el trabajo, muere por estar con ella, la mujer que le devolvió la ilusión, pero el destino les puso a prueba, repasándolos  por miles de kilómetros, aunque el amor, supera distancia y tiempo, pues el solo entiende de corazones no de razones.

Llegó el anhelado encuentro  a la hora  prevista, Julia,  radiante, lo esperaba, al verlo, aun le pareció aún más atractivo, con esa piel bronceada, vestido de vaquero y camisa azul. El corrió hacia ella, ansioso por besarla y abrazarla, guardaba una sorpresa para ella, esta noche después de cenar se lo diría. En el coche de Julia, dirigiéndose  al piso de ella, era pequeño pues vivía sola, pero confortable. Julia a preparó una sencilla y deliciosa  cena, no dejaron de mirarse a los ojos, sonreírse, cogerse la mano, aquello era amor verdadero, no es necesario conocerse mil años, cuando el amor florece, tomaron el postre, Héctor no podía esperar más a decirle  a Julia  aquello que podía cambiar sus vidas, pero aguardaría al momento propicio,  casi media noche, la pasión era dueña de ellos, el la rodea  con  sus brazos, ella lo besa locamente, el fuego les consume, se amarán después de tanto tiempo, la sorpresa puede esperar, fue una  ardiente y larga, ya de madrugada, el cansancio les venció, complacidos durmieron hasta la salida del sol . Héctor, se levantó antes que Julia, preparó café, lo llevó a la cama, besándola dulcemente despertó a su amada. Conversaron felices, parecía un sueño, era el momento de desvelar la sorpresa, tomo el bello rostro de ella  entre las manos, diciéndole cuanto la amaba, había conseguido ser trasladado a una universidad cercana donde ella vivía, en principio era por un tiempo, pero si todo entre ellos salía bien, junto a ella se quedaría definitivamente, al escuchar esas palabras, Julia  sonrió feliz, aquello parecía un cuento de hadas hecho realidad.
Magda Jardí
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domingo, 14 de diciembre de 2014

¿Para que tanto sufrimiento?




Yolanda  camina hacia la playa, hoy ha llegado a su nueva ciudad, una localidad frente al mar, como siempre soñó, aquí espera rehacer su vida, dejar atrás esa  cruel  experiencia, la cual intentará olvidar y seguir viviendo cargando con los fantasmas de su reciente pasado. No acaba de creer que por fin vuele libre, aunque en sus alas pesan los golpes y tanto dolor emocional. Sentada en la orilla del mar, con los pies en el agua, se pregunta ¿para qué tanto sufrimiento?, baja la mirada, las lágrimas humedecen sus ojos, ¡cuánta razón tenías mamá!, su mente viaja al pasado, cuando comenzó su historia, es una de tantas, pero esta solo le duele a ella.

 Daniel y Yolanda  se  conocían  del barrio, en una pequeña ciudad cercana a Barcelona capital, tenían amigos comunes, él  era cuatro años mayor que ella, se conocieron cuando ella comenzó a salir en el grupo de amigos Daniel, al verla, decidió que sería suya, ella era una niña de dieciséis años, de largo cabello rojo y piel blanca, a la que muchos chicos intentaban enamorar, su aspecto de muñeca, la hacía aún más atractiva. A Yolanda, Daniel, no le atraía nada, pero acabó robándole el corazón. Al año eran ya pareja formal. 

Comenzaron a planear un futuro juntos, él tenía veintiún  años, y un trabajo en la obra de su tío, del que se llevaba un buen sueldo y ella diecisiete, acabando sus estudios de enfermería, todo les parecía  fácil. En un año, soñaban casarse ,él decía que quería una familia grande como la suya, eran cinco hermanos, ella sonreía, era hija única. Al poco tiempo, Yolanda, comenzó a sentirse mal, amanecía indispuesta, temía  estar en cinta, a los pocos días, lo confirmó, le dio la noticia  a Daniel, había que decidir. Reunieron a las familias, se habían conocido en el cumpleaños de Yolanda ,una merienda organizada en el bar de su tío Juan, debían casarse  ,cuanto antes mejor, así opinaba  la madre de Daniel, necesitaban un lugar donde vivir, hasta tener su propia casa. Los padres de Daniel no podían acogerlos, su espacio era mínimo, aún tenían  con ellos tres de sus cinco hijos, la única opción era la casa de Yolanda ,su madre era viuda, por tanto había espacio para ellos y el niño, a Daniel le pareció bien .María, la madre de Yolanda ,en cuanto las dos se quedaron solas, intentó que su hija viera su error, ese hombre sería su ruina, tenía algo que no le inspiraba confianza, le propuso, quedarse ella en casa con su hijo y que el tiempo decidiera si Daniel era para ella, entre las dos los sacarían adelante, la muchacha se negó, pues ella amaba al padre de su hijo y deseaba compartir su vida con él, María, a su pesar, aceptó la decisión de  Yolanda ,esperando no tener que recordarle  que ya se lo advirtió. En un mes se celebró un sencilla boda y se instalaron en casa de María, aunque fue por poco tiempo. Pues el tío de Daniel que conocía bien el carácter del chico, era buena persona, pero de sangre caliente, muy difícil de convivir con él, les consiguió un pequeño piso donde trasladarse, Yolanda  pensaba que ese sería su hogar para siempre. Los meses pasaban, solo faltaban  dos para dar a luz, un viernes, ella preparó cena especial, quería celebrar su quinto mes de casados, la mesa preparada y Daniel no llegaba, pensó que estaría tomando algo con los compañeros a la salida del trabajo, como algunos días, pero el reloj corría, ya era medianoche, Yolanda  desesperada, no le no respondía al móvil, en unos instantes ,un ruido sobresaltó a Yolanda , era él, aparecía borracho, casi no se tenía en pie, Yolanda  en la puerta asustada, la apartó de golpe, tirándola al suelo, gritando como alma que lleva el diablo, la miró con despreció , se dio la vuelta y se marchó nuevamente, ella quedó en un rincón llorando, cuando comenzó a sangrar, pensó en lo peor y así fue, acaba de perder a su hijo, no sabía qué hacer, no sabía a  quién pedir ayuda ,su única opción era su madre, la cual descartó,  decidió esperar un poco, unas horas después, no podía soportar el dolor, acabó sola en el hospital, se había caído y su esposo no estaba en casa, el bebé estaba muerto, había que sacarlo, en cuanto todo pasó, pidió avisaran a Daniel, que ya estaría fresco y supuestamente en casa .

Ese era el principio   de su calvario, a partir de ese día, comenzó el maltrato psicológico, vejaciones, golpes, ella todo lo excusaba, María sufría callada, la mujer intuía lo que estaba sucediendo, pero debía guardar silencio. Yolanda ,aguantó, hasta que llegar a su límite  , le dijo que ya no podía más, eso no era vida, él no pensaba dejarla marchar, antes la mataría, la muchacha, reunió fuerzas para hablar con María, sabía que su madre nunca le daría la espalda, juntas denunciaron, Yolanda  dejó su casa trasladándose a casa de María, Daniel, al verse abandonado, fue tras ella, entró en la casa a la fuerza, golpeando a María, ante el griterío, los vecinos llamaron a la policía, llevando preso a Daniel. Yolanda pidió el divorcio, entre lágrimas, dio la razón a María, ese hombre era un monstruo, mató a su hijo y de poco le quita la vida.

Una vez todo en su lugar, Yolanda, solicitó la posibilidad de ser  trasladada en el trabajo a otra ciudad, dejando  atrás ese horror, esperando en esa playa comenzar a vivir de verdad.
Magda Jardí
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sábado, 22 de noviembre de 2014

El destino puede ser irracional.



Oscar  revisa los últimos detalles, mañana es la inauguración de su restaurante, espera la llegada de los empleados, presentarse a ellos, Carlos, su abogado y amigo es quien se ha ocupado de las contrataciones, dar las pertinentes instrucciones a cada uno, Oscar es un perfeccionista, contempla el local, ha quedado a su gusto, igual que el de Málaga.

Al divorciarse, decidió recomenzar en otro lugar, a pesar de que su  ex esposa marchó a Alemania llevándose a sus hijos, necesitaba pasar página, tratar de olvidar. Para Oscar es algo normal cambiar de ciudad, pasó la mitad de su vida de acá para allá. Su padre era militar de origen malagueño, su primer destino fue el País Vasco donde conoció a la madre de Oscar, allí nació también él, cuando tenía cinco años se trasladaron a Zaragoza, donde pasó la infancia, los diez los cumplió en Cataluña, allí vivió su adolescencia, se enamoró por primera vez, cuando Oscar tenia diecisiete años, a su padre le dieron destino fijo en su Málaga natal, su madre era cocinera, de ella heredó  su pasión por los fogones, aprendió bien el oficio y a los veinticinco años abrió su restaurante, uno de los más populares de la ciudad por precio y calidad, la misma línea que pensaba seguir en Alicante.
Frente a él están casi todos, los camareros, los ayudantes  de cocina, el personal de limpieza, a toda prisa llega una muchacha, es Carolina, la persona que se ocupará de la administración del restaurante, junto a Oscar.

Carolina, cree haber encontrado el empleo perfecto, une sus dos aficiones, los números y la cocina, es una muchacha muy responsable. Aunque nació en Barcelona, siendo muy niña, sus abuelos, que se hicieron cargo de ella al morir su madre durante el parto siendo apenas una adolescente, cuando su abuelo perdió el empleo se trasladaron a Alicante, en esa ciudad, su abuela, que cayó desde la muerte de su hija, allí se sentía mejor, la pequeña Carolina se , convirtió en su motivo de vivir, nunca le faltó el afecto de padres los abuelos la querían como a su hija, su esfuerzo obtuvo recompensa, pues Carolina era una mujer luchadora, con las ideas claras y un gran corazón.

Oscar, al ver a Carolina quedó fascinado por aquella  menuda mujer morena de ojos negros y expresivos, ella al estrechar la mano de su jefe, le sonrió dulcemente, pensó lo atractivo e interesante que era aquel hombre, por su apariencia no sobrepasaría los cuarenta. Al poco tiempo, Carolina y Oscar, eran inseparables, contaba siempre con opinión de ella en cada decisión, comenzaron a verse fuera del trabajo, salían a pasear, iban a conciertos, compartían muchas aficiones, además de la cocina, el mar, la música clásica, los gatos, parecían hechos el uno para el otro.

Oscar se siente indispuesto desde hace ya un tiempo, pero él cree que es por tantas emociones, su  divorcio fue complicado, el trasladar su negocio de  Málaga a Alicante, volver a comenzar, por lo que no le da más importancia, pensar en Carolina alivia todos sus males, este fin de semana el local cerrará por descanso, ha planeado un viaje sorpresa para Carolina, la llevará a Venecia, así que no le dirá nada respecto a su salud.
El viernes, al cierre del local, ambos con equipaje para un fin de semana romántico, se dirigen al aeropuerto de Elche, al conocer el destino, Carolina besa apasionadamente a Oscar, se siente tan feliz de haberlo conocido. Les esperan dos días inolvidables, vivirán las más ardientes noches de amor en el escenario propicio para dos enamorados, el domingo Oscar amanece con fiebre y dolor muscular, temblando como una hoja al viento, despertando a Carolina que duerme plácidamente junto a él, viéndolo en ese estado, asustada, se dispone a llamar a recepción  para que envíen un médico , Oscar se lo impide, en unas horas regresarán a Alicante, mañana pedirá cita al doctor López,  durante da la sensación de mejoría, después de almorzar tomarán el avión, en el aeropuerto, Oscar coge la mano de Carolina y le susurra al oído que quiere estar siempre cerca de ella, lo mira y le besa en los labios dulcemente.

El lunes llega Oscar al restaurante, Carolina le espera, el mal aspecto de Oscar es más preocupante, le sugiere acercarse al hospital, el prefiere que lo vea el doctor López, Carolina, contrariada, llamará, lo verá esa misma tarde, la muchacha ha pedido cita urgente.
Carolina acude con Oscar a la visita, Oscar cuenta al doctor los síntomas, aunque él parece no dar importancia, para el médico son preocupantes, demasiado tiempo padeciéndolos, aunque intuye lo que le pasa a Oscar, necesita unos exámenes para poder confirmar sus sospechas, al día siguiente a primera hora se le realizarán. Carolina, esta noche la pasará en casa de Oscar, no se quedaría tranquila si lo dejará solo, sobre las cinco de la mañana, Oscar, de nuevo se siente mal, la fiebre va subiendo, Carolina no lo piensa, irán al hospital. A la llegada, Oscar es atendido al momento, Carolina permanecerá en la sala de espera hasta ser avisada, una hora después la llaman, el doctor que se ocupa de él, necesita realizar  a Carolina unas preguntas , le informa de su estado, es preocupante, en cuanto lleguen los resultados se los comunicarán, el tiempo parece haberse parado, es una locura.
Ya llegaron los resultados, el doctor les comunica que Oscar padece leucemia, en estado muy avanzado, no es comprensible que haya resistido tanto, necesita un trasplante de medula urgente, hay que buscar donantes, Carolina se ofrece, aunque antes hay que comprobar la compatibilidad,. En cuanto todo esté dispuesto, a Carolina se le realizaran las pruebas, en  unas horas, el doctor, sonriente, , va en busca de la pareja, le comunica a Oscar que su hija es cien por cien compatible, el quirófano estará dispuesto mañana a primera hora, Oscar, a pesar de su mal estado, le dirá al doctor, que Carolina no es su hija, el hombre le entrega una copia de los resultados, no existe la menor duda de ello, Oscar y Carolina se miran sorprendidos, Carolina no puede creer lo que está sucediendo, Oscar no sabe que decir, esa situación es absurda, será un error. Carolina se pierde en sus pensamientos, la verdad es que nunca le contaron  nada de su padre, únicamente su tía Isabel, la hermana de su madre puede aclarar aquello, dejará solo a Oscar, necesita contactar con su tía lo antes posible.

Isabel vive en Barcelona, aunque a menudo viaja a visitar a su sobrina, se asusta  al escuchar la voz entrecortada de la muchacha, las lágrimas le impiden hablar, Carolina suplica a Isabel que viaje a Alicante sin  perder un segundo, es un tema muy complicado, al decirle que la busque en el hospital, aun se apresura más, Isabel consigue pasaje en un vuelo para dentro de una hora, por lo que en menos de tres horas estará junto a ella.
Tía y sobrina frente a frente, Carolina  relata a Isabel lo ocurrido desde que conoció a Oscar, solo ella tiene las respuestas que necesita, Isabel le cuenta la poca información que sabe de su padre, ella lo conocía de verlo con Laura, su madre, eran ambos dos críos, ella dieciséis  años y él diecisiete , en una ocasión coincidió con ellos en un bar y Laura lo presentó a su hermana,  se llamaba Oscar, era hijo de un militar, unos meses después Laura parecía otra, siempre triste, hasta que se sinceró a Isabel, Oscar dejó Barcelona, a su padre a su padre lo destinaron a otra ciudad, la despedida fue muy apasionada, no pensaron en las posibles consecuencias, Laura estaba embarazada, a punto de entrar en el cuarto mes de gestación, Isabel convenció a su hermana que debía hablar con sus padres, ellos la ayudarían, le recriminó el haber callado tanto tiempo, las dos le dieron la noticia a los padres, sorprendidos y un poco enojados, pero la apoyarían siempre, cuando llegó el momento del parto, Laura sufrió una hemorragia que no fue capaz de superar, responsabilizándose del bebé los abuelos, Isabel acababa de confirmar su temor, Oscar era su padre, el hombre del que se había enamorado como nunca,  su tía la abrazó, nadie es culpable, el destino puede ser irracional, le aconsejó que siguiera adelante con el trasplante y cuando se sintiera con fuerzas, regresara a Barcelona con ella, aunque no sería sencillo dejar atrás aquello, debía seguir con su vida, pero lejos de allí, estaba demasiado enamorada de aquel hombre.

Al día siguiente, sobre las nueve de la mañana, se practicó la extracción, en unas horas Carolina viajaría con Isabel hacia Barcelona, Carlos, el amigo de Oscar, visitó a Carolina, estaba al corriente de todo, Oscar lo llamó desesperado, no podía ser cierto aquello, mientras a ella le realizan la extracción, él conversó con Isabel, lo más conveniente para los dos era no volver a verse, aunque Oscar no estaba dispuesto a perderla, no pensaba con claridad, el tiempo le haría ver todo fríamente. Carlos se ofreció a llevarlas al aeropuerto, Carolina no se despidió de Oscar, era demasiado traumático, pasó de ser su gran amor a su padre. Carolina, sentada junto a su tía en el avión, sumergida en sus pensamientos, se preguntaba cómo habría sido su vida junto a Oscar si no hubiera enfermado, debía aprender a vivir con esa parte de su historia.
Magda Jardí
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sábado, 15 de noviembre de 2014

La vida es impredecible


Anais, acaba de finalizar su relación de varios años con Cristian, comenzaron a tontear siendo muy jóvenes, eran casi dos niños, con el tiempo sintieron  que no se amaban como para  plantearse un futuro , comenzaron a no sentirse cómodos, Cristian necesitaba más libertad, se sentía atado, prefería pasar más tiempo con sus amigos que con su novia, poco a poco se distanciaron totalmente, estaban juntos sin tener nada de qué hablar, sus mundos ya eran distintos .Cristian era futbolista, juagaba  en un equipo de segunda división, soñaba con llegar lejos, Anais licenciada en literatura, daba clases en un instituto y en sus ratos libres disfrutaba escribiendo, soñaba algún día ser conocida en el mundo de las letras, conseguir publicar algún libro, desde unos meses hilvanaba   una novela, cuando estuviera lista, pensaba  presentarla   a alguna editorial. Una tarde, después de una conversación y de mutuo acuerdo decidieron separarse, con la promesa de seguir siendo amigos, aunque no se vieron más.

Cristian, a los pocos días inició una historia con una  modelo recién llegada al mundillo de la pasarela, la conoció en un discoteca frecuentada por gente del espectáculo, la moda, el deporte, de la que era habitual, en su tiempo libre igual que  algunos compañeros del equipo, Anais se volcó en su novela, salía alguna vez con sus amigas, pero su vida era muy tranquila.
Al año, Anais, leía en una revista el compromiso de Cristian con la  cotizada modelo  Rocío Iglesias, sus planes de boda en pocos meses, las lágrimas rodaron en el rostro de Anais, durante  este tiempo no se acordó de él, pero  al ver su foto con aquella mujer, desfilaron  por su  mente tantos momentos compartidos con él, le parecía tan distinto ,superficial, no tenía que ver con  el hombre  que la había enamorado años atrás, dejó la revista y salió a tomar el aire a la playa, caminaba tranquila, intentó alejar de sus pensamientos  aquello que le dañaba,Tras  una hora de paseo , ya relajada, regresó a casa, necesitaba escribir, se acercaba el final de su novela.

Una compañera del instituto, le facilitó  el teléfono de un amigo editor, le habló  de ella de su proyecto literario que tenía todo para ser un  éxito , Anais llamó al despacho de ese editor, respondió su secretaría, citándola para el día siguiente a las cinco de la tarde.
Vestida de  traje pantalón azul  camisa a  rayas azules y rosas, discretamente maquillada ,acudió a su cita con Jesús, el joven editor, la  atendió la secretaria, una mujer muy seria,  a los pocos minutos, la  hizo pasar al despacho de Jesús, era un hombre cuya simpatía estaba escrita en el rostro, su mirada sonreía, pero al ver a Anais, se le iluminó. Ofreció sentarse  a la muchacha  en un sillón, frente a una mesa de cristal, se presentaron, dos horas después, seguían conversando animadamente, Anais no reía con tantas ganas desde tanto  tiempo, se sentía tan a gusto con Jesús, no había conocido a un hombre tan agradable y correcto ,quizás, desde aquel profesor  suplente de matemáticas, del curso pasado, con el que salió en un par de ocasiones, pero al finalizar  el tiempo de estancia en el instituto, regresó a su ciudad, perdiendo el contacto, al acabar la reunión, Jesús guardó el borrador de la novela, la repasaría y la llamaría por teléfono. Invitó a Anais a cenar con él, quería conocer un poco más a aquella mujer, bella, de cabello negro,  cuya compañía le era tan  grata, ella aceptó, Pasaron una  velada  muy divertida, Jesús, le propuso salir el fin de semana, a cenar y a bailar o  al cine, lo que ella escogiera, Anais ,aceptó encantada, Jesús acompañó a Anais hasta su casa, era muy tarde para que fuera sola, se despidieron con dulce beso en la mejilla, aunque  ambos deseaban algo más ,llegó a casa, alegre como no se  sentía desde ya ni recordaba cuando.
 Al día siguiente relató  lo sucedido con Jesús a su compañera, esta  quedó bastante sorprendida, pues Jesús no mezclaba negocios con su vida privada, era un hombre muy serio en este sentido, Anais había impactado al editor, aunque fue algo mutuo.

El viernes a las ocho Anais, ya preparada ,esperaba a Jesús, se  compró un vestido precioso para ese día, a la hora prevista llamó al timbre, ella bajó radiante, era el primer día de tantos que les esperaban juntos, comenzaron a salir habitualmente,  a los seis meses se casaban ,un mes después, se publicó su novela con gran éxito, que lejos quedaba aquel futbolista con aires de grandeza, que buscaba  la fama  a cualquier precio, pero una lesión le apartó de ese camino de lujo y estrellas, la vida es impredecible.
Magda Jardí

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